Tengo treintaysiete naranjas en mi heladera (las conté) que trajo mi hermana de un campo cualquiera.
Tengo dos manos que apestan a naranja y van dejando un puñadito de su olor en todo lo que tocan (en este momento el teclado).
Tengo una casa con aroma a cítrico.
Pero lo mejor de todo, es que tengo un novio imaginario con gusto a naranja en su boca.
Y eso es una delicia.
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