Y no me vengas a llorar ahora. No creo en tu dolor.
Tu gran performace es digna de un Oscar, pero te conozco demasiado y sé que estás riendo por dentro. Sé incluso que sos capaz de llorar en las situaciones más inverosímiles, como en el medio de una calesita, después de haber sacado la sortija.
Qué fácil que te sale interpretar todos esos sentimentalismos falsos. Secáte esos mocos. Ahorrate tu puchero y tus ojos empañados y, por una vez, seamos sinceros. Si quisiera ver una buena actuación, estaría en el teatro y no acá sentada escuchandóte.
Entonces sí, de frente y sin vueltas, decime lo que hace tanto tiempo sabemos y decímelo en la cara: "YA NO TE AMO MÁS". Y no finjas estar afligido, no intentes siquiera amagar con la frase: "Igual nos podemos seguir viendo...". Puras patrañas; palabras vanas que intentan hacer un poco más ameno este momento, que de por sí es desagradable. No simules más que no te queda bien este papel de pobre pibe.
Así que guardate tus lágrimas de cocodrilo para tu próxima función. Yo ya te bajé el telón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario